GAL

ERÍA

 

¡BASTA CON VERTE

PARA ENTENDERTE!

LAS IMÁGENES EN LOS PROCESOS COGNITIVOS

 

Las últimas investigaciones aclaran que la imagen cuenta como instrumento de permanencia o duración de la memoria. Sin imagen es difícil que algo se asiente en la memoria a largo plazo. 

 

Para que un código social, como el dar las gracias por algo recibido, se instale en el proceso cognitivo de un nió, se requiere repetir una y otra vez el consabido mensaje: “Gracias, profesor”, “gracias papá”. Con suerte, puede que arraigue. Igual ocurre con el amor. Se equivoca quien crea que su amor puede sobrevivir sin los pequeños detalles que lo sustentan a diario.

 

En los distintos ejemplos citados hasta ahora, la decisión tomada no responde a un nexo de causalidad real –la imagen no convierte la noticia en algo más verdadero ni la frecuencia de las señales amorosas dan cuenta de una realidad distinta–. De hecho, no tiene nada que ver una cosa con otra. Es nuestra manera peregrina de tomar decisiones. El cerebro atribuye una relación de causa-efecto a hechos que no tienen nada que ver con el resultado.